Pasteurina y Energina: historia de dos gaseosas peruanas que marcaron generaciones
La historia de las gaseosas peruanas también puede contarse desde las marcas que acompañaron reuniones familiares, almuerzos, fiestas y recuerdos de varias generaciones.
Entre aquellas bebidas aparecen dos historias diferentes pero unidas por un elemento común: sabores propios que lograron construir identidad y permanecer en la memoria de sus consumidores.
Una nació vinculada a Lima y a una tradición nacional; la otra creció al pie de los volcanes arequipeños, convertida en símbolo regional y orgullo de una comunidad.

Pasteurina y su nacimiento como una gaseosa peruana de sabor singular

Pasteurina comenzó su historia comercial en el siglo XX como una bebida gasificada peruana vinculada inicialmente con la fábrica La Pureza, ubicada en el Cercado de Lima.
Su nombre rendía homenaje al científico Louis Pasteur, mientras su perfil de sabor buscaba diferenciarse mediante una bebida asociada a la hierbaluisa y a una identidad marcadamente nacional.
Con el paso de los años, la gaseosa consiguió presencia en bodegas, restaurantes, chifas y pequeños establecimientos, formando parte de las costumbres urbanas de numerosas familias limeñas.

La gaseosa que intentó competir y sobrevivió en la memoria popular

Durante las décadas siguientes, la bebida llegó a disputar espacio dentro de un mercado cada vez más competitivo, donde las grandes marcas nacionales buscaban dominar el gusto de los consumidores.
La crisis económica, la violencia interna y los cambios empresariales afectaron su distribución y consumo, mientras el traslado de operaciones hacia Huaura modificó parte de su antigua estructura comercial.
Aunque posteriormente hubo intentos de relanzamiento, el producto terminó saliendo del mercado hacia finales de los años noventa, dejando una huella especialmente fuerte entre quienes lo consumieron.

El regreso de Pasteurina recupera una memoria que parecía perdida

Después de más de dos décadas de ausencia, la tradicional bebida regresó al mercado peruano durante 2025, esta vez desde Arequipa y con una propuesta adaptada al consumidor contemporáneo.
La nueva formulación conserva el reconocido perfil de hierbaluisa, reduce el contenido de azúcar y se presenta sin octógonos, buscando recuperar a los antiguos consumidores y acercarse a nuevas generaciones.
El retorno también demuestra que la memoria colectiva puede convertirse en una oportunidad comercial, especialmente cuando una comunidad reconoce un producto como parte de su propia historia cotidiana.

Energina nació en Arequipa y convirtió la tradición local en sabor

Energina apareció en Arequipa durante 1956, dentro de una tradición de bebidas asociada al agua mineral natural procedente del valle de Socosani y al desarrollo de la industria embotelladora regional.
Su combinación de hierbaluisa con notas cítricas consiguió una personalidad distinta frente a las gaseosas convencionales, convirtiéndose progresivamente en una bebida reconocida por los consumidores del sur peruano.
El secreto de su identidad estuvo también en utilizar como base agua mineral natural, característica que permitió diferenciarla y relacionarla directamente con el territorio arequipeño.

De bebida regional a símbolo del orgullo gastronómico arequipeño

Durante décadas, la bebida consolidó una relación especial con Arequipa y posteriormente amplió su presencia hacia ciudades como Cusco y Puno, manteniendo una distribución más limitada en Lima.
Su permanencia demuestra que las marcas regionales pueden competir cuando consiguen representar costumbres, sabores y recuerdos compartidos, incluso frente a grandes compañías de alcance nacional.
La sociedad civil también cumple un papel importante en esta historia: consumidores, comerciantes, familias y pequeños negocios sostuvieron la demanda y ayudaron a conservar una tradición comercial.

La nueva etapa mantiene la identidad y abre una historia diferente

En 2022, Energina pasó a formar parte del portafolio de Industrias San Miguel, mientras su producción continuó vinculada con Arequipa y su distribución mantuvo una fuerte presencia en el sur del país.
En los últimos años, la marca incorporó nuevas propuestas, entre ellas una alternativa sin azúcar, mientras mantiene como elemento distintivo su sabor tradicional y el vínculo con el agua mineral.
En 2025 también reforzó su identidad regional durante las celebraciones de Arequipa, acompañando iniciativas ambientales y de participación ciudadana relacionadas con la recuperación de envases.
Vistas juntas, ambas historias enseñan que una gaseosa puede ser mucho más que una bebida: puede convertirse en recuerdo, patrimonio comercial, identidad regional y parte de la conversación entre generaciones.
Pasteurina representa el regreso de una memoria nacional que encontró una segunda oportunidad, mientras Energina muestra cómo una bebida regional puede mantenerse vigente cuando conserva aquello que la hace reconocible.
La participación de consumidores, bodegueros, restaurantes, familias y organizaciones locales resulta fundamental, porque son ellos quienes finalmente deciden qué productos sobreviven y cuáles permanecen en la memoria colectiva.
Así, la historia de ambas gaseosas peruanas no termina en sus fábricas ni en sus campañas comerciales: continúa cada vez que una nueva generación descubre un sabor que sus padres o abuelos recuerdan.
Más que competir solamente por ventas, estas bebidas representan dos caminos para entender la industria peruana: la recuperación de una marca histórica y la permanencia de una identidad nacida en una región.
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Mg Roberto Revoredo Castro
Roberto Revoredo Castro Mg UNMSM Periodista Colegiado CPP / Editor / Historiador / Conferencista Internacional Director de SPP / Sociedad Peruana de Prensa Director TV: Reseñas

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