» Este cronista tuvo la suerte de trabajar con tres de los más notables periodistas de estos últimos años. El descomunal y polémico Guillermo Thorndike, Carlos El Chino Domínguez y Humberto Castillo. Protagonistas más importantes de una época significativa de la prensa peruana y que plasmaron centellante en los diferentes diarios que trajinaron y en una serie de libros que han dejado huella. Los tres ya no están con nosotros pero que este texto sirva para tenerlos siempre presentes.

Guillermo Thorndike y sus inicios tempranos en la revista Caretas

Cuando aquella mañana del octubre de 1954, la vez que Guillermo Thorndike apareció en las oficinas de la revista Caretas, Enrique Zileri se quedó pasmado con la elocuencia del joven.
El gringo era un escolar de apenas 14 años y llegaba para que le publiquen un texto sobre Cristóbal Colón.
Zileri lo recuerda así: El hecho fue, al comprobar desde el primer párrafo que se tenía entre manos a un chico prodigio, que la revista aceptó la oferta.
Como tantas otras exuberancias de Guillermo Thorndike, ese texto del adolescente era, sin embargo, larguísimo.
Pero queda en el registro del archivo que Caretas lo publicó íntegro.
Comienza en la página 32 de la edición número 70 y pasa a la 40.
De allí sigue a la 10 de la edición número 71, continuando en la página 43 y la 45 para terminar en la 47.

Carlos El Chino Domínguez y su lente que retrató al Perú del siglo XX

Igual ocurrió con Carlos El Chino Domínguez. Cierta vez se apareció para que le compren sus imagenes.
Sus fotografías y los registros gráficos en diarios, revistas y libros en los que quedó registrado el Perú del siglo XX, le ganaron calificativos como el mejor fotógrafo del periodismo o maestro del fotoperiodismo.
Era admirado por muchas generaciones de reporteros seducidos por su toque genial a la hora de captar una imagen.
Domínguez fue también ese sociólogo que fundó una gramática de la imagen en cada suceso, en cada personaje en la que está el padecimiento y la felicidad de todos los peruanos, Sus fotos nos ayudaba a mirarnos a nosotros mismos.
Su lente era el espejo donde los peruanos podíamos empezar a vernos como tales.

Humberto El Chivo Castillo y el arte magistral de la narración breve

El destino quiso que haya tenido también como compañero a Humberto El Chivo Castillo. Trabajamos en el Diario Marka y siempre admiré ese su respirar en el arte de narrar.
Otra cosa no fue su escritura. Me atrevo a decir que era, tanto habilidad y maestría así como destreza y sabiduría.
Ello, me lo contaría una de esas tantas tardes, que su técnica se debía a sus lecturas.
El Chivo fue periodista de pocos libros admirados pero los eran.
Así nos pasábamos diseccionando A sangre fría de Capote o Por quién doblan las campanas de Hemingway.
Por ello él podía escribir con brillantez un perfil sobre el presidente francés Charles De Gaulle, como una crónica secreta a Maradona, como un retrato político del presidente Belaunde.
Así, este todo terreno del periodismo nos dejó un legado que va más allá de sus anécdotas y trajines.
En su redacción prima la oración corta como un latigazo, el verbo en presente activo, la conjugación con ritmo, el uso del término preciso como un jab del boxeo y el párrafo breve como orgasmo de viejo.
Suficiente. Por ello originó una práctica textual dúctil y plástica.
Un estilo como palanca para mover el universo. Un guiño para sensualizar lo horrendo y un compás para ese galope que tiene la buena literatura como brioso caballo de información.
El Chivo sabía que escribir era seducir y eso produjo en sus miles de lectores que reconocían en sus texto, así no lleven sus crédito, al cronista que enamoraba con el corazón de su verdad.

La técnica anglosajona e investigativa de Guillermo Thorndike

Con Guillermo Thorndike uno siempre estaba seguro de estar frente al maestro periodista. Su técnica era anglosajona.
Incansable manejaba el reportaje investigativo y el periodismo literario.
Era un tipo genial para ese olfato de ubicar la noticia ahí donde los otros no la veían.
Sus crónicas históricas tenían anclaje en la indagación y averiguación de sus lectores.
Por ello sus temas viajaron de la Guerra con Chile, Miguel Grau, el Apra revolucionaria, el fracaso velasquista, la revolución sandinista o los Apachurrante años 50.
Pero de pronto publicaba un libro sobre Manguera Villanueva o el monstruo de Armendáriz o el asesinato de Luis Banchero Rossi.
Con Los topos sobre la fuga por túnel del MRTA, dejó sentado su estilo y su destino.

El ojo abierto y la poética denunciante de Carlos Domínguez

Un dia Carlos El chino Domínguez me contó uno de sus tantos secretos: dormía con un ojo abierto. Como buen fotógrafo, a todo le hacía foco y no fallaba en el tiro de cámara.
Por ello su registro invalorable narra gran parte de la historia del Perú contemporáneo.
En sus fotografías está el retrato de un país efervescente y luego de su foto, a punto de explotar.
El Chino no era semiólogo pero sabía que cada fotografía suya era más valiosa no por lo que mostraba sino por aquello que no se veía.
Ese poder motivador de la imagen que contenía en su discurso visual una poética denunciante. Iluminación, contexto pero sobre todo sustancia.
El Chino fue único tal como Martín Chambi o Henri Cartier-Bresson o Robert Capa por aquello de pintar con la luz sus retratos.

La memoria prodigiosa y la prosa pródiga de Humberto Castillo

Cuando uno explica de los grandes periodistas que tuvo el Perú de entre siglos no puede dejar de mencionar a Humberto El Chivo Castillo.
De su estilo escribió Carlos Paucar en una sentida nota de La República.
Y explicaba que éste se caracterizaba por tener una memoria prodigiosa, pues evitaba al máximo las anotaciones, no usaba grabadoras y todo lo memorizaba.
Además de su rapidez, ya que le bastaba un poquísimo tiempo para escribir crónicas memorables.
Por su prosa pródiga en anécdotas y descripciones, lo hizo antes que cronistas norteamericanos como Tom Wolfe o Gay Talese hicieran escuela al hacer de la observación y el detalle un ejercicio soberano del periodismo.
Por negarse a que el redactor sea protagonista de la noticia y se inmiscuya en el relato noticioso, decía Paucar.

El magisterio inconfundible y la leyenda viva de Guillermo Thorndike

En esta breve crónica me he referido a tres de los mejores periodistas peruanos. Conocí a Guillermo Thorndike en 1980 cuando él ya era esa leyenda u aquel fantasma que recorría las redacciones de los periódicos de Lima y de circulación nacional como un eco estruendoso de magisterio, ora ilustre, ora lumpen.
No existía titular, texto, apostilla o cierre de edición que no tuviese la firma de su estigma y aquello iluminaba tanto como podría fulminar la aviesa conciencia de los periodistas de cuajo del medio de ese entonces.
Periodista de estirpe como lo describió Umberto Jara en el prólogo a El Caso Banchero editado por Planeta en Lima el año 2019.
A esa estirpe perteneció un hombre llamado Guillermo Thorndike Losada.
Y dentro de esa estirpe se distinguió con una vida de novela: señor en salones de señorones y compinche en calles de bajos fondos, aplaudido con admiración y envidiado con fiereza.
Y, sobre todo, ajeno y distante por completo de la gris mediocridad limeña.

El dolor de una partida inesperada en pleno verano peruano

Cuando en febrero del 2011 murió El Chino, yo le escribí estás líneas: Me abruma.
Carajo, que este señor que se llama Carlos Domínguez Hernández, nacido en Lima entre 1933 y 2011, se tome la libertad de morirse en pleno verano.
Y con este sol y con esta calor y con esta eterna sed. Señor Don Chino, como le decía Guillermo Thorndike, está bien.
Es su decisión. Conste que de tanta vida uno se muera también en el Perú.
Y yo, y tú, y él, y ella.
Las 5 zambas, las 4 chinas, las 3 en una, la matalascallando, la coja pasión, y el panzón, y el tombo, y la fiscal y la del vestido rojo, y la de la pensión y la de la pasión.
Y el magistrado y la ministra y la abogada y la chuchumeca.
Pero tú, Carlos Domínguez, no.

La pausa retentiva y la memoria militante como legado periodístico

En Thorndike, Domínguez y Castillo hay un rasgo fundamental de todo buen periodista. La pausa retentiva, el detalle de la recordación, la evocación puntual.
De eso me había restregado Paco Landa aquella vez que llegué de practicante al diario.
Que de la otra ladera de un buen hombre de prensa, está sus fuentes de la reminiscencia e historia y que hasta hoy recordamos, el tener una memoria militante, un recuerdo activo para desarrollar nuestras historias, ese paso ineludible para entender al Perú.∫
» Eloy Jáuregui / Cangrejo Negro
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