Controlar la corrupción no es opcional

La corrupción es un problema fundamental de desarrollo. Perjudica a los pobres y merma el progreso.  La corrupción no consiste únicamente en el desperdicio de recursos. Es la causa del deterioro de la infraestructura, la destrucción ambiental, el abuso de poder y la exclusión, y el debilitamiento de la confianza.  Después de casi tres años del inicio de la pandemia de COVID-19, y el aumento de las tensiones internacionales, abordar la corrupción sigue siendo esencial para que el Grupo Banco Mundial cumpla su misión de aliviar la pobreza y reducir la desigualdad.

CÓMO EL BANCO MUNDIAL LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Aunque se han producido algunos avances (i) en la lucha contra la corrupción, estos han sido demasiado lentos. Debemos hacer más, y tenemos que hacerlo mejor. A continuación presentamos tres áreas de la labor contra la corrupción que pueden generar grandes beneficios para la sociedad: la participación, la transparencia y los datos.

En el área de la participación se reconoce el papel esencial de los ciudadanos y la sociedad civil en la configuración de las políticas y en la lucha contra la corrupción. Trabajamos para permitir que la sociedad civil desempeñe esta importante función de diversas maneras. A través de la Alianza Global para la Auditoría Social (i), junto con nuestros asociados respaldamos 50 proyectos sobre iniciativas de responsabilidad social en 34 países. Estas iniciativas apoyan la labor de las organizaciones de la sociedad civil para fortalecer la rendición de cuentas en sectores como la salud, la educación, la protección social y el agua, y en cuestiones como la gestión de las finanzas públicas (i) y la fragilidad, los conflictos y la violencia.

Ahora, veamos la transparencia. El acceso a la información es un derecho humano fundamental, y también uno que puede ser notablemente eficaz para controlar la corrupción. La transparencia en la información básica sobre el Gobierno, como datos del presupuesto y de la deuda, es esencial. Puede promover la rendición de cuentas y empoderar a los ciudadanos. Estos deben saber si sus impuestos se están malgastando o si su futuro se está poniendo en riesgo sin su conocimiento. El Grupo Banco Mundial respalda el acceso a la información (i) a través de reformas de políticas, el desarrollo de capacidad y la tecnología.

Creemos que el uso de evidencias y datos es clave para sustentar nuestra labor, y esto es esencial para la lucha contra la corrupción.  El Banco Mundial apoya las innovaciones en el ámbito del GovTech (i) en sus países asociados para fortalecer la opinión de las personas y su participación en la vida pública. Ayudamos a los Gobiernos a aumentar la disponibilidad de información para sus ciudadanos a través de innovaciones y herramientas digitales. Además, nos esforzamos para utilizar las enormes cantidades de datos (i) que están cada vez más a disposición del público.

Trabajamos para facilitar este proceso, por ejemplo, reuniendo los datos sobre adquisiciones en una plataforma común llamada ProACT (i), cuyo nombre significa anticorrupción y transparencia en las adquisiciones. ProACT permite realizar análisis de datos relacionados con más de 21 millones de contratos en 120 países. Basándose en la bibliografía sobre las señales de alarma de los riesgos de corrupción, la plataforma es una herramienta que le sirve a la sociedad civil para, mediante el uso de datos, exigir a los Gobiernos que rindan cuentas y mejorar así el uso de los recursos públicos.

NECESITAMOS INSTITUCIONES MÁS SÓLIDAS

Nuestros esfuerzos exigen instituciones más fuertes y un respeto fundamental del Estado de derecho. El trato igualitario ante la ley es un valor democrático, y en nuestros programas respaldamos este objetivo de muchas maneras, ayudando a los países a fortalecer sus instituciones judiciales (i) y promover la rendición de cuentas. La corrupción, que puede abarcar desde el soborno hasta la captura del Estado y el nepotismo (PDF, en inglés), tiene un efecto devastador en los sistemas económicos. Apoyamos los mecanismos de rendición de cuentas en el sector público y la competencia abierta, y respaldamos las políticas que reducen el daño causado por la captura del Estado (PDF, en inglés).

También brindamos apoyo a más de 70 países para que fortalezcan las entidades fiscalizadoras superiores (i), los organismos anticorrupción (i) y los órganos encargados de la aplicación de la ley (i) con el fin de mejorar la supervisión. Ayudamos a los países a garantizar que quienes cometan actos de corrupción rindan cuentas y que se restituyan los activos públicos robados y se reparen los daños que hayan causado. Lo hacemos a través de nuestra alianza con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC): la Iniciativa para la Recuperación de Activos Robados (StAR). Una recopilación de datos reciente de la Iniciativa StAR (i) revela que se han congelado o confiscado cerca de USD 10 000 millones en fondos producto de la corrupción o que fueron devueltos a un país afectado por este problema. Si bien esto representa solo una pequeña parte de lo que se sustrae, da motivos para un optimismo prudente: la recuperación de activos a nivel internacional es factible; ya no es tan raro como antes.

Para combatir la corrupción se requiere perseverancia y cooperación en todo el mundo. La corrupción no es un problema de los países en desarrollo; es un problema global.  Debemos seguir extrayendo enseñanzas de las experiencias (i) y trabajar juntos, tanto a nivel mundial como nacional, para combatir la corrupción. Controlar este problema no compite con nuestras otras prioridades en el Banco Mundial, sino que es la base de todo. En nuestras encuestas a partes interesadas hemos descubierto que la principal razón por la que las reformas económicas y sociales fallan o tardan en implementarse es la corrupción, e incluso esta tiene una mayor incidencia que los problemas de coordinación, los aspectos políticos o las cuestiones relativas a la capacidad.

De cara al futuro, queremos intensificar nuestra labor dirigida a reducir la corrupción en las adquisiciones y la gestión de contratos, ampliar el uso de los datos y la tecnología, apoyar la transparencia de la titularidad efectiva, y hacer más para fortalecer las instituciones de rendición de cuentas y el Estado de derecho. Estamos integrando más profundamente la lucha contra la corrupción en nuestros diagnósticos y estrategias a nivel de los países para apoyar el contrato social (PDF, en inglés).

Controlar la corrupción no es una opción. Debe ser una prioridad.

Arturo Herrera Gutierrez

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Arturo Herrera Gutierrez
Director global, Práctica Mundial sobre Gobernanza del Banco Mundial

Jim Anderson*

Jim Anderson
Especialista principal en buen gobierno del Banco Mundial